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Concedan a los Inmigrantes tener nombre y rostro

COMUNICADO DE PRENSA

Septiembre 11, 2002

Nuestros mensajeros cruzaron la frontera para poder dar buenas noticias a sus familiares y engrandecer este país con su trabajo y su cultura, pero la tragedia les arrancó la vida mientras trabajaban para realizar sus sueños y, por acuerdo con sus empleadores y las autoridades de este país, oficialmente murieron sin nombre y sin rostro el 11 de Septiembre del 2001.  

Hoy 11 de Septiembre del 2002, a la 1 de la Tarde, en la Iglesia de San Bernardo de Manhattan (14th Street entre Avenidas 8 y 9), simbólicamente extrabajadores del WTC serán investidos de Mensajeros Especiales. El espíritu de los que han muerto el 11 de Septiembre, dará fuerza a los Mensajeros Especiales que anunciarán por 36 ciudades de los Estados Unidos, que no deberíamos ya vivir y morir sin nombre y sin rostro. Que es posible unirse por la fe y organizarse por la necesidad de tener nombre y rostro, para que este país nos dé el derecho a existir y trabajar con nombre y rostro. Que es una tragedia morir lejos de su familia, y doble tragedia es morir sin rostro y sin nombre por acuerdo con los patrones y las autoridades de este país, como les pasó a quienes murieron el 11 de Septiembre.

Nosotros no hemos encontrado a quienes nos revelen sus verdaderos rostros de algunos de ellos, después del 11 de Septiembre, sus amigos nos reportaron sus posibles nombres: Adrián Flores Zepeda (México), Samuel Herrera (México), Dora Luz Rojas (México), Rosa Sánchez Torres (México), Brando Ledezma (?), Ronald Hernández (USA/España?), Víctor Manuel Bernal Macías (México), Jaime Muñoz (Ecuador), y otros más que no han sido reportados…

Las familias que viven en México de los que, para conseguir empleo, han sido obligados a esconder su nombre y su rostro en los Estados Unidos, encenderán la Antorcha Guadalupana en la Basílica de Guadalupe el 29 de Octubre a las 9 de la mañana, y correrán durante 9 días a llevarla a la frontera Matamoros/Brownsville. Los hijos de los mensajeros sin rostro y sin nombre, los que ya nacieron con nombre y con rostro en los Estados Unidos, cruzarán la frontera la noche del 6 de Noviembre. Los Mensajeros Especiales recorrerán 35 ciudades hasta llegar a New York el 12 de Diciembre. 

Todo el camino recordaremos a todas las víctimas del 11 de Septiembre, y especialmente a los mensajeros oficialmente sin rostro y sin nombre, los que ya no pudieron regresar y mirar el rostro de sus esposas, hijos e hijas, de sus madres y padres. Llegaron anónimos, y murieron anónimos. Estos son los nombres de aquellos que sus familias por vivir fuera de Estados Unidos, no pueden recordar el rostro de sus seres queridos, y sus empleadores no se atreven a reconocer sus nombres: José Morales Aquino (Puebla, Pue., México),  Arturo Alba Moreno (DF, México), Jorge Octavio Santos Anaya (Aguascalientes, México), Víctor Antonio Martínez Pastrana (Puebla, Pue. México), Fernando Jiménez Molinar (Oaxaca, México), Dante Lazo Ruiz (Lima, Perú), Margarito Casillas (Guadalajara, Jalisco, México), Nicolás Brenes García (Almendro, Nicaragua)

Sus patrones sólo los vieron como trabajadores. Fueron obligados por las leyes de inmigración a esconder sus nombres y sus rostros para tener la posibilidad de trabajar. Sus nombres nunca fueron escritos en los libros de contabilidad de los negocios, por lo tanto oficialmente no existieron. Como no existen los más de 9 millones de inmigrantes indocumentados que fortalecen la economía de los Estados Unidos, pero son obligados a no tener nombre y rostro.

Por ellos los Mensajeros Especiales correrán con la Antorcha Guadalupana por los caminos de ambos paises para anunciar que es urgente unirnos por la fe y por la necesidad de exigir que el Gobierno de los Estados Unidos oficialmente acepte sus nombres y sus rostros, y conceda la Residencia Permanente a los más de 9 millones de inmigrantes indocumentados, para que puedan estar en los libros de contabilidad, tener una identificación legal, recibir atención médica, viajar a sus países de origen para que los recuerden sus hijos, madres, y esposas, poder comprar una casa en los Estados Unidos, cambiar un cheque, conseguir una licencia de manejar, poder recibir una acta de defunción cuando mueren, ser indemnizados cuando sufren accidente o muerte para que sus familias no queden desamparadas, y no continuar sufriendo lo que ha sido evidente el 11 de Septiembre del 2001.

Responsable Joel Magallán, SJ

Director Ejecutivo

Asociación Tepeyac de New York